Por Marta
LA RÉPLICA
Una de mis pasiones inconfesables
es pasarme horas leyendo las reseñas de Google. Gracias a las generosas
opiniones de la gente sobre lugares, establecimientos o monumentos yo alimento
mi adicción. A veces me centro en una persona. Por ejemplo: Carlo, 235 reseñas.
Me leo todas y al terminar sé perfectamente cómo es Carlo, dónde le gusta
comer, a qué lugares ha viajado en los últimos años.
Anoche me fui con una sonrisa a la
cama. Estaba leyendo enfrascado los comentarios de la réplica de la Puerta de
Ishtar construida en Irak donde un día estuvo la puerta original. Allí me topé
con el comentario desesperado de John el 5 de julio de 2018: “Sara, no
apareces, llevo más de dos horas esperándote. Mis ilusiones se desvanecen”.
Entonces, gracias a mi destreza y experiencia, rápidamente viajé con mi teclado
hacia las reseñas de la original Puerta de Ishtar reconstruida en el Museo de
Pérgamo en Berlín y allí encontré lo que esperaba. Sara, 5 de Julio de 2018: “Comprenderás
que no puedo seguir esperándote, John. Siento tanto que no hayas venido…”.
Quién le hubiera dicho al rey Nabucodonosor II que en el umbral
de la puerta erigida en las murallas de su bella Babilonia se iba a vivir este
auténtico drama.
PECADO CAPITAL
Siete amigas del instituto. Veinte años después. Elegimos el restaurante “Pecado capital”. Un sitio íntimo, acogedor. Lucía, alta, tan delgada y jodidamente guapa como siempre pide el plato denominado “Soberbia”. Crepes de foie con cebolla. Le encanta. Afirma que no hay en la carta otro plato mejor que el suyo. Marta, en el instituto la llamaban la “tabla del uno” por lo fácil. Se pide el plato “Lujuria”, el único dulce. Saborea el helado de chocolate pasando la lengua por sus labios. La muy puta. Eva, la única inteligente que se casó con un rico; pide el plato “Avaricia”. Solomillo a la pimienta. Al acabar la cena divide la cuenta escrupulosamente. Patricia, pide el plato “Ira”; el vino no está a su gusto y vemos su famosa vena del cuello en acción. Laura, llega tarde a la cena, la siesta se le fue de las manos. Eso sí, viene monísima. Pide el plato “Pereza”, una extensa fondue de quesos para tomárselo con calma. Sonia, tan chistosilla como siempre, se pide el plato “Gula” una especie de menú degustación con un poquito de cada uno de los platos de la carta. Aun así, se queda con hambre. Y yo, Elena Gómez Puertas, pido el plato “Envidia”. No recuerdo qué llevaba, solo sé que me gustaron más los de mis compañeras.